Mi propio proceso de paz.

Mi opinión sobre los seres humanos ha cambiado con los años. Reconciliarme con la condición humana ha sido un proceso que empieza y termina conmigo misma, aunque a veces fue más fácil exteriorizar mis pugnas, dirigirlas hacia los otros y asignar culpas. Me decidía entre humanos que me movían hacia la conciliación con sus acciones nobles y valientes y los otros seres, terribles e ignorantes, que me empujaban hacia la desesperanza en nuestra raza humana.

Mi opinión sobre el ser humano cayó a su nivel más bajo cuando descubrí la belleza de los procesos naturales, al acercarme por primera vez a un universo nuevo para mí, el de los animales y las plantas, de los ciclos y de los ritmos naturales. Leí y observé y me maravillé cada vez más con cada descubrimiento. Siempre supe que la naturaleza era hermosa, pero nunca la había visto realmente. Y mientras se me revelaba ese mundo mágico, que sentía íntimo y parte de mí, me encontré con otra cara de la historia. La naturaleza hace lo suyo de manera magistral y nosotros interferimos cada vez más en la sabiduría de sus procesos. ¿Cómo es posible que compañías modifiquen genéticamente una semilla para que la segunda generación sea estéril? Una diminuta semilla es un universo completo de información y vida, billones de años de evolución encapsulados para ofrecer con total desprendimiento su fruto, una muestra de la generosidad y la abundancia de la naturaleza. ¿Cómo somos capaces de alterar ese orden?¿Cómo es posible que el humano imponga sus procesos, tan homogéneos y robóticos, sobre la diversidad y finalmente salga victorioso? ¿Cómo somos capaces de contaminar ríos y mares y cielos, de destruir el hogar de miles de especies de las que ahora solo queda el recuerdo, y pensar que todo esto no es con nosotros? Si investigamos un poco más a fondo, si leemos, si somos curiosos, rápidamente nos daremos cuenta de que el camino del llamado progreso está agotando la vida. Y durante un tiempo, pensé que humanos influyentes tenían la culpa por la dirección errónea en la que nos movemos, humanos crueles que no veían más allá de su egoísmo.

Abajo encontraran un link a un corto vídeo que explica en términos muy sencillos la problemática actual con nuestra errónea concepción del progreso.

Estuve brava con el humano, pero después me cansé de mi furia porque me di cuenta de que, aunque a veces prefiero una indignación bien llevada a una resignación lastimera, asignar culpas no es campo fértil para la creatividad. Además, yo nunca supe quiénes eran los humanos crueles que tomaban las decisiones desde su torre de marfil, yo solo conocí humanos buenos que viven sus procesos con juicio y coraje. De los procesos naturales aprendí a apreciar la interconexión que existe entre cada ser vivo, incluido el humano, que es un animal más dentro del tejido de la vida. Pero lo que termino por solidificar mi proceso de paz y dejarme en los mejores términos con el humano fue darme cuenta de que todos los humanos somos distintos, todos milagrosamente diversos y al mismo tiempo, dulcemente iguales. Pensar que otros seres humanos son como yo, me llenó de compasión y ternura. A esos humanos si los conozco porque me conozco a mí misma y yo confió en mi condición y en mi capacidad de traer entendimiento a los lugares de mi mente donde solo hubo desconocimiento.

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