Odiseas del espacio y de la tierra

Soy una fiel seguidora de la serie Cosmos, narrada por Neil deGrasse Tyson, la versión actual de la serie creada por Carl Sagan. Cada capítulo es un viaje a lo profundo, una mirada científica a los misterios de la creación que siempre me dejan sorprendida por su perfección y artístico prodigio. Con la nueva tecnología, esta nueva adaptación nos pasea por un cosmos de soles, lunas y planetas, tiempos prehistóricos y estrellas que colapsan y mueren, todo con una belleza tal que solo queda la humildad frente al despliegue de vida.

Se que Carl Sagan no se consideraba una persona creyente, pero al escuchar sus guiones durante las transmisiones de la versión original, puedo sentir como su admiración, pasión y respeto hacia la vida y la naturaleza transcienden cualquier noción sobre su inclinación religiosa. Cuando Carl Sagan veía el Cosmos, veía al humano reflejado, creía en nuestra capacidad y en nuestro vinculo indivisible con lo natural. Otros científicos han hablado de Dios y la ciencia, como Albert Einstein, que se maravillaba con la perfección de las leyes físicas pero dejaba un espacio sagrado en blanco y en silencio para lo indescifrable. Einstein no creía en un Dios personal que se preocupara por nuestros líos humanos, pero si dejaba claro que hay un misterio hermoso que nuestra mente no comprende pero ante el cual si podemos maravillarnos y reconfortarnos.

Hay muchas cosas que me gustan de las series que inicio Carl Sagan. Una de esas es cuando habla sobre los científicos que fueron valientes e innovaron en sus ideas y observaciones, hombres y mujeres que desafiaron el pesado status quo de sus épocas. Me llamó la atención la historia de Giordano Bruno, el monje dominico nacido en 1548 y quemado en la hoguera en 1600. Bruno, sin mayor instrucción académica, pero apoyado en la observación, intuición y en su alto grado de misticismo, concibió la idea del universo infinito, en donde no solo la tierra no es el centro del universo, sino que nuestro planeta y nuestro sol son solo pequeñísimas partes de un universo infinito, una concepción aun mas revolucionaria que las teorías de Copérnico. Bruno fue condenado por la Iglesia Católica por hereje y quemado en la hoguera, su visión del universo constituía una amenaza, así él creyera que un Dios Todopoderoso solo podía crear un universo tan infinito y vasto como el mismo y no un sistema cerrado y limitado como se concebía al universo en esa época.

La serie Cosmos no habla de Dios ni de espiritualidad pero si me recuerda la frase de Sagan que dice, “somos una manera en que el cosmos se conoce a si mismo”. Intuyo que habla de penetrar el misterio de la vida a través de las luchas humanas, nuestra fragilidad y nuestro coraje. Cuando yo veo las imágenes de la nueva adaptación, como una simulación del Big Bang o del nacimiento de la tierra hace 4.5 millones de años, veo también fragilidad y coraje, y me inspira y me da fuerzas para creer en nuestra especie. Para mi, la frase de Sagan funciona también invertida, conocer el cosmos es conocernos a nosotros mismos, y personalmente eso es una experiencia espiritual.

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