La vitalidad total es posible

Ser una estudiosa de la nutrición me ha dejado claro que entre más información tenemos sobre qué es lo que debemos comer, más nos confundimos sobre qué es lo que nuestros cuerpos necesitan. Creo que ha habido importantes avances en este campo, pero me pregunto si tanto estudio, tanto dato, es necesario. Personalmente, el tema me parece fascinante. Siempre me gustó y siempre lo busque, aun cuando no sabía que caminaba para encontrarlo. Me sentía atraída por la salud y la vitalidad, algo que intuí posible pero no sabía cómo alcanzar. Mi búsqueda personal por el bienestar ha sido ardua y genuina y en ella confío más que en los innumerables estudios clínicos que se realizan hoy en día. Aún me pasa que al estar al tanto de tanta información, comienzo a perder el hilo y las señales que me envía mi cuerpo. Mi cuerpo es y será mi guía, por mucho tiempo no escuché sus llamados, pero con el paso del tiempo sus solicitudes se hacen más agudas, llegan las molestias, los dolores. Es una lástima no haber escuchado antes.  Sin embargo, esta máquina maravillosa que es el cuerpo humano sabe repararse y aliviarse.

Me parece fascinante como la gente que sabe sobre mi trabajo en el campo nutricional siempre tiene una pregunta lista. Todos buscamos esa vitalidad, la intuimos posible. Esa energía maravillosa que podría acompañar todos nuestros días. En el alimento que elegimos a diario, se hace una declaración potente. En la manera como comemos ese alimento también hay una intención potente. Comemos sentados y calmados? ¿Comemos mirando el alimento, saboreándolo? ¿Agradecemos la bendición infinita de tener acceso al alimento? Todas estas cosas influyen en la manera como se digiere la comida, y finalmente como se digiere la vida. Podemos comenzar a practicar esta manera de abordar la nutrición, cada comida es una oportunidad, es una meditación viva que cobra fuerza con la intención.

Parecido a lo que me ocurre con las religiones, que de todas encuentro elementos sumamente valiosos e inspiradores, lo mismo siento con la nutrición. Quiero conocer a Cristo y a Buda, me gustan las leyendas indígenas sobre dioses y mares, me gusta el amor infinito del Universo que se expande. Sobre la nutrición, me gusta estar al tanto de las corrientes, soy testigo de un mar de información que a veces es solo dato vacío y necio y otras es veces es sabiduría pura. Quiero saber que dicen los veganos, los que siguen la dieta paleo, o la crudivegana. Me gusta saber que existen estudios bien respaldos sobre las buenas grasas o la importancia del agua, y me parecen muy interesantes las nuevas tendencias de la medicina integral o los tratamientos ortomoleculares, dos planteamientos que tratan la enfermedad desde la raíz, primero mirando la nutrición, las alergias, la inflamación o la toxicidad del organismo.

Como humanidad, así a veces no lo parezca, vamos hacia adelante, todos juntos, ninguno se queda atrás. Vivimos en una sociedad con acceso a un mar de información, es nuestra prerrogativa tomar lo mejor de tanta cosa que hay por ahí, y hagamos de nuestras vidas una sagrada invitación a la vitalidad y la salud.

 

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