El hombre cazador recolector que vive en nosotros

Cuando le hablo a mi esposo sobre lo antinatural de nuestro comportamiento como sociedad moderna, le hablo del hombre primitivo. Vivimos en estrés crónico, fatiga constante, nos cuesta apagarnos para dormir, nuestra dieta se basa en comidas procesadas altas en azúcar, sodio y grasa. Hace miles de años, el hombre cazador-recolector vivía una vida de nomadismo, en donde la comida escaseaba y lo primordial en el día era ganarse la supervivencia. El hombre primitivo ejercitaba su cuerpo, hacia largas caminatas y tenía una dieta principalmente de proteínas animales y vegetales salvajes. Nosotros aún conservamos la misma disposición biológica que el hombre cazador, pero nosotros tenemos un estilo de vida diametralmente distinto. De ahí surge, por ejemplo, la dieta Paleo, que dice que debemos alimentarnos como lo hacían estos hombres y mujeres, antes de que existiera inclusive la agricultura.

Me pregunto si debemos revisar lo que los antepasados hacían y tratar de devolvernos a algunos comportamientos respetuosos con nuestra biología magistral. En su manera única de parar mis afanadas deliberaciones, mi esposo me responde que no es posible, la realidad ahora es otra: el entorno cambió, el ser humano también cambió. Tiene razón. No hay vuelta atrás, no hay manera de volvernos una sociedad de cazadores recolectores. Esa jamás fue mi sugerencia tampoco.

Un ejemplo que él me dio para ilustrar su punto fue el embarazo tardío de las mujeres. Es cierto que el momento idóneo para quedar embarazadas es aproximadamente a los 23 años, pero la tendencia en gran parte de la sociedad es postergar el momento en que decidimos ser mamás. Si bien la biología dice una cosa, nuestras decisiones están apuntando hacia otro lado. Y es valido. Una mujer de 30 años o más, tiene más madurez y autoconocimiento, un set de habilidades también muy apreciadas a la hora de criar.

Mi problemas es que siento que la dirección en la que nos dirigimos como sociedad es cuestionable. Veo a las personas en ansiedad constante. Creo que podemos reflexionar sobre las cosas que no funcionan y plantear otras nuevas. Hace poco una persona me dijo que si de la crisis no aprendemos algo nuevo, estamos condenados a repetirla, y tal vez llegue con mas furia. La vida es terca, no deja cabos sueltos ni lecciones sin aprender. El problema es que nosotros también somos tercos. Solo espero que en la turbulencia de este momento crucial de la humanidad, podamos aprender sobre lo mejor y lo peor de nuestra propia historia como especie.

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