Cuando una quinceañera quiere cirugía plástica

Este fin de semana me invitaron a un asado a las afueras de la ciudad. No conocía a la mayoría de las personas, pero disfrute de una tarde soleada entre arboles. Al finalizar el asado, me quedé conversando con una mujer que me contó sobre el regalo de quince años que pidió su sobrina. Cuando cumplí quince años, yo era una adolescente que vivía aún en la ingenuidad, curiosa y apasionada, pero apenas saliendo de mi mente de niña. Por eso me sorprendió el regalo que pidió esta quinceañera, que además descubrí no es infrecuente entre las adolescentes. Ella, como sus compañeras de clase, quería una cirugía plástica. Ella sintió que no tenía suficiente cola, y quiso aprovechar la ocasión para arreglar ese detalle de su cuerpo. Claro, en la mesa del asado, cuando esta mujer contó la historia, todos los adultos reaccionamos con horror e indignación.
Tengo entendido que Colombia pasó recientemente una ley que prohíbe tales operaciones a menores de 18 años. Bueno, algo es algo. Pero el problema persiste, no se soluciona con una ley. Que exista una adolescente que quiera someterse a una cirugía no es un buen indicador. Que exista esa niña quiere decir que en su cabeza ya se plantó una semilla de insatisfacción con su cuerpo. Ella esta declarando que necesita una cola más apropiada, más parecida a la de otra persona. Ella piensa que al conseguirla tendrá más garantías en la vida. El problema de esta cirugía, aparte de ser peligrosa y agresiva, es que la historia no terminará ahí. Ella después va a sentir que necesita modificarse de otra manera. No habrá fin. Será un hueco sin fondo hasta que ella se vea en el espejo y recuerde su valor. ¿Quién le esta enseñando su valor? Ella necesitaría aprenderlo al verlo reflejado en los mensajes de su familia, la sociedad, el colegio. Pero si los mensajes que recibe son de carencia, no los aprenderá. Más adelante en la vida, ella, una mujer adulta, podría tomar conciencia de ello, pero tampoco hay garantía de que lo haga. El problema: a todos, hombres y mujeres, nos cuesta caro vivir en una sociedad donde las mujeres no conocen su belleza. Todos perdemos.

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