Haciendo las paces con tu plato, tu cuerpo y tu vida

La vida de una mujer se diseñó con amplitud, para que fuera vivida con la potencia de su energía femenina. Cualquier cosa menos de eso, se queda corta.

Me gusta hablar de mujeres y comida porque la manera como nos alimentamos dice mucho de cómo estamos; y al parecer nuestro género esta en crisis. No solo nos sentimos inadecuadas con el alimento literal, también tenemos hambre del tipo de nutrición que sostiene al alma. La buena noticia es que la mujer es tal tesoro, que encontrará en su dolor una oportunidad para elevar su vida.

Te voy a hablar de la alimentación y las mujeres.

La obsesión con la comida no es divertida, la vida se constriñe. Es paradójico: este tipo de comportamiento es abiertamente patrocinado en nuestra sociedad, y al mismo tiempo pocos quieren enfrentar el hecho de que millones de personas hoy sufren el yugo de una relación malsana con la comida. Dirás, pero hay millones de mujeres que abiertamente declaran querer bajar de peso, ¿no es eso reconocer el problema? No. Enfocarse en bajar de peso solo atiende a un síntoma, no a la causa. Es el origen del problema lo que me interesa. La raíz sigue vigente, y se fortalece por nuestro ciego desespero por ver un cuerpo delgado.

La industria de la comida rápida con sus alimentos procesados y azucarados, la manera como nos relacionamos, los estándares imposibles de alcanzar que aprendemos desde pequeñas, en fin, nuestra sociedad ha forjado magistralmente un terreno fértil para la disfunción con la comida. Con esto no digo que la mujer que cae en la trampa sea indefensa; ella tiene el poder, pero no lo sabe.

Me enfoco en las mujeres por que soy una mujer que siente muy de cerca lo que otras mujeres sienten. Las elijo porque somos un género en crisis, y nuestra sociedad nos necesita. Todos perdemos cuando una mujer olvida quien es. La mujer es una fuerza que habita la vida, nuestra energía femenina es un complemento perfecto para la energía masculina. El problema es que la voz femenina ha perdido fuerza en esa balanza. La única manera de restablecerla es recuperándonos, empezando adentro, donde duele. Y luego afuera, para vernos como nos sentimos adentro. Ese es la clave del cambio sostenible.

He pensado mucho como ayudar a mujeres que están en medio de esa turbulencia, que aunque terriblemente incomoda, la aceptan como parte de su vida. Te invito a que reflexiones sobre estos temas, y si en algo te tocan, recibe esa inquietud, dale un espacio de tiempo en tu preciosa vida.

Te invito a que te suscribas a mi blog, y te unas a un movimiento de mujeres que quieren recordar quiénes son y de qué son capaces.

Las quiere,

C

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