Cuando la esperanza nos ayuda, y cuando no.

La esperanza nos gusta, sin duda se ha mercadeado bastante. Desde políticos hasta libros de dietas nos ofrecen esperanza. Pero la esperanza no es una herramienta de venta o una emoción ligera, su poder es de largo alcance y ofrece grandes recompensas si la entiendes bien.

Cuando una mujer quiere adelgazar y me dice que siente esperanza, mi reacción es de escepticismo. ¿Por qué? Porque frecuentemente veo que la esperanza se confunde con motivación a corto plazo. Es un tipo de impulso que tiene poca duración. No es lo suficientemente profundo como para afectar patrones cerebrales dominantes. Es la emoción de entrar en la nueva dieta, comprar el producto de moda. Ahora bien, la esperanza poco tiene que ver con eso.

¿Qué sabes de la esperanza?

La esperanza no es una emoción, es un proceso cognitivo. Brené Brown lo explica en su libro Los Regalos de la Imperfección. Ella, al igual que la gran mayoría de nosotros, asociaba a la esperanza con una emoción, la exaltación del positivismo. A diferencia de lo que Brown y la gran mayoría de las personas pensamos, la mejor manera de entender la esperanza es como una habilidad que se gana y se aprende.

Hace unos días estaba viendo Before the Flood, un documental sobre el cambio climático, producido y presentado por Leonardo DiCaprio. En un momento del documental, Dicaprio entrevista a un científico que conoce el tema con gran precisión, sus investigaciones sobre el fenómeno climático son rigurosas y precisas. Luego de explicar la gravedad del asunto, el científico concluye con una nota bastante optimista. Su recuento de los hechos no parece congruente con su opinión personal, tanto así que Dicaprio le pregunta por qué tiene esperanza. El científico le cuenta que tiene cáncer terminal y sabe que sus días en la tierra están contados. Luego añade con total suavidad que él sabe cual ruta debemos tomar, sabe que las tecnologías están en camino y sobretodo, cree que el ser humano será capaz de hacerlo. Ese es el proceso cognitivo de la esperanza: saber trazar metas realistas, conocer las estrategias, tener la capacidad de cambiar el plan si este no funciona, y por último, creer en nuestra capacidad para lograrlo. No es una emoción trivial, fortuita o superficial. Es una elección que implica asumir la responsabilidad, comprometerse con un camino y creer en lo mejor que reside en cada uno.

Por eso, la esperanza trae consigo tesoros. Es un proceso activo en el cual se elige participar. Me encanta cuando alguien esta inmerso en la esperanza porque su vida se llena de posibilidades, un aura magnética que atrae lo mejor de cada circunstancia. Tu tienes el poder de invitar a la esperanza a tu vida, no esperes a que algo externo te la traiga.

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