Mujeres: ¿qué pasa cuando sean flacas?

Si has esperado toda tu vida a llegar a un peso ideal, te tengo las mejores y las peores noticias: cuando llegues a tu peso ideal, la vida seguirá siendo la vida. Eso quiere decir que en tus días habrá belleza y dolor, habrá tedio y risa y lagrimas. Suena evidente, pero es mi sospecha que muchas mujeres creen que algo mágico ocurre cuando se vive en un cuerpo delgado. Creen que algo será garantizado. Ese es el motor de su búsqueda. Una mujer que pelea por años y años con su cuerpo, persiguiendo un ideal que la evade a cada esquina, esta buscado un tesoro. Cree que el esfuerzo vale la pena porque en la meta final se le dará el derecho a algo y con ese algo podrá atravesar la incertidumbre de vivir. Ser flaca es amor. Ser flaca es conexión. Ser flaca es pertenecer. Esa es la promesa. La verdad es que lograr algo, sea lo que sea, nos da felicidad. Y tener el cuerpo soñado te dará felicidad, si, pero será pasajera porque la felicidad nunca se instala permanentemente. Es una emoción diseñada para visitarnos de vez en cuando. La evidencia lo dice, nuestros índices de felicidad no se modifican dramáticamente por eventos externos o circunstancias. Ganar la lotería o quedar parapléjico – aproximadamente 6 meses después de eventos tan radicales, las personas vuelven al nivel de felicidad que tenían antes. Rápidamente volvemos a nuestros niveles base de satisfacción, ya sean altos o bajos. A veces perder peso es el comienzo de un viaje interior de crecimiento, es verdad. Puede ser una puerta. Pero perder peso en si, no es nada. No es relevante si no viene acompañado de un cambio síquico que abra nuestro corazón y nos permita pararnos enfrente de la vida con coraje. Así que habitaras un cuerpo delgado, pero nada te será garantizado. La vida seguirá trayendo lo suyo; con desilusiones, ansiedad y perdidas y también con sus glorias y sus victorias. Esa es la vida. Y tu estarás ahí, para decidir cómo quieres abordar todo eso que te trae tu preciosa vida. ¿Vas a querer buscar otra garantía? Si no es el cuerpo, ¿tal vez sea el trabajo perfecto lo que necesitas? ¿O la maternidad? ¿O será posible que la seguridad que buscamos, esa garantía, ya es nuestra, desde siempre y para siempre? ¿Y podemos reclamarla en el momento exacto en que decidimos dejar de pelear y entregarnos y confiar en que algo nos sostiene? ¿Será posible?

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