Liberando a otras mujeres con tu palabra, es posible hoy.

No es fácil cambiar paradigmas colectivos, muchas veces debemos esperar décadas o siglos para que nuevas ideas impregnen la sociedad y sean aceptadas como la nueva realidad. Eso ocurre en todas las áreas. Por ejemplo, Aviva Romm dice que en promedio, le toma a la industria de la salud 17 años asimilar nuevo conocimiento médico y que llegue a todos los doctores de manera generalizada. Es bastante tiempo.

En los temas de género ocurre lo mismo. Las mujeres tenemos mucho, principalmente, gracias al camino que otras mujeres han recorrido antes. Se que la igualdad de género tiene mucho camino por andar pero tengamos en cuenta que hace relativamente poco las mujeres ni siquiera podían votar. Todo esto ha sido un proceso lento pero uno que se mueve hacia delante.

 

Hay algo maravilloso que podemos hacer hoy en nombre de todas las mujeres que han luchado por nuestra causa. Podemos ser impecables en nuestra palabra cuando nos referimos a otra mujer. Las mujeres perpetuamos muchos estándares de belleza que son imposibles para cualquier ser vivo. El caso es que estos paradigmas están tan arraigados en la mente colectiva, que las mujeres no solo los creen verdaderos para ellas, también los creen ciertos para otras mujeres.

 

Y mientras creamos que una arruga o un gordo nos invalida cómo mujeres, estamos perpetuando las cadenas que atan a nuevas generaciones de mujeres. Y nos atan a nosotras también. Cuando participamos de conversaciones sobre el peso de una, juzgando duramente el panza de la otra, estamos jugando en contra nuestra. Verás, tus juicios se devuelven a ti, son proyecciones de tus creencias y tus creencias son tu mapa para navegar el mundo.

 

La manera cómo hablamos de otras mujeres no necesita de terceros, de pasar nuevas leyes o de marchas multitudinarias. Eso puede cambiar hoy porque esta en nuestro poder. Podemos entrenarnos para ser impecables de palabra cuando estemos hablando de otras mujeres. Entrenarnos para ser afectuosas y respaldar a todas las mujeres, sin condiciones. Cuando alguien empiece una conversación que tiene como propósito denigrar de la apariencia de otra mujer, te abstienes. Tendría un efecto enorme. Y no solo liberaría a otras mujeres, también te libera a ti.

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