Una estrategia clave, que no se vende, en tu relación con la comida

Vives en la economía de la atención. Eso quiere decir que hay mucha gente peleando por tu atención, por un minuto de tu tiempo. Tu tiempo vale, es tan precioso, que la gente compite ferozmente para quedarse un pedacito. Cada blog, cada post en redes, cada imagen, cada noticia, cada tweet, son todas invitaciones a que pares y mires que te ofrecen ( claro, me incluyo ). Hay mucho en redes, tanto que es difícil saber qué añade valor y que no.

 

Cuando una mujer lucha con su comida, en internet le ofrecen mil soluciones. Le venden batidos y programas de todos los estilos. Le ofrecen exactamente lo que quiere, pero frecuentemente, no lo que necesita.

 

Ella necesita saber que su alimentación no es un examen que tiene que pasar. No tiene una fecha limite. Comer no tiene que verse como una foto de Instagram. Comer es como vivir, y eso no es una imagen estática y perfecta. Tiene tantas variables, que la alimentación es un proceso de aprendizaje que nunca termina. Nos vamos a morir aprendiendo a comer porque el cuerpo nunca es el mismo y sus necesidades tampoco. Eso es particularmente cierto en las mujeres. En el transcurso de un solo mes, una mujer tiene fluctuaciones hormonales que la incentivan a alimentarse de manera diferente. Por ejemplo, es legítimo que el cuerpo pida comidas más energéticas, durante la menstruación, tal vez alimentos ricos en magnesio o carbohidratos que produzcan más serotonina. ¿No te parece genial? Nadie ya termino de aprender a comer.

 

En redes, podemos creer que comer debería ser otra cosa distinta a lo que hacemos. Y siempre sentimos que no llegamos. La trampa es que el foco de atención esta afuera. No comemos como queremos porque nunca tenemos la comida correcta enfrente. En lugar de preocuparte por la comida correcta, podríamos enfocarnos en algo que si controlamos ahora, por ejemplo: ¿cómo como lo que como? Cuando tengo mi comida enfrente, ¿cómo la mastico, cómo la miro, cómo la disfruto?

 

Ahí esta algo que no te venden. Es un aprendizaje que no tiene precio, porque utiliza el vehículo de la comida para explorar tu vida interna. No es fácil porque estar presente no es fácil en la economía de la atención, pero de pronto es exactamente lo que necesitas.

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