Aceptarse para cambiar, funciona. G a r a n t i z a d o

Aceptarse para cambiar suena paradójico, y lo es.

Es un fenómeno curioso que ocurre por alquimias desconocidas, que escapan nuestra comprensión. Es una especie de magia. Como coach de alimentación consciente, veo cómo los procesos de transformación exitosos se apoyan en estados de la mente que no son lo que comúnmente creemos sobre la anatomía del cambio.

Creemos que, para cambiar, debemos controlar y sujetarnos fuerte, porque de lo contrario, daríamos rienda suelta a nuestros más bajos instintos. Sin duda, eso creen las mujeres que viven de dieta en dieta, restringiendo y juzgando su comida y su cuerpo para lograr una anhelada transformación, que nunca llega.

 Pero cambiar, es un acto de entrega.

La aceptación es un recurso vivo, al que todos tenemos acceso. Pocos lo usamos porque, muchas veces, ni lo comprendemos. Por eso, te explico qué es.

Aceptarse no es resignarse. No es pereza o dejadez. Principalmente, no es cobardía ni debilidad.

Para aceptarte, debes activar tu coraje. Es un proceso de participación activa, en el cual te paras enfrente a tu vida con los ojos y el corazón bien abierto. Recibes la totalidad de tu vida, incluyendo lo que no te gusta, y dices: estoy bien. Es una declaración de poder porque sabes que tienes los recursos para vivir bien, aun cuando hay cosas que no te gustan, y no te tienen que gustar.

Aceptarse para cambiar es una maravillosa estrategia de transformación porque te permite mirar con ojos francos. No puedes hacer trampa, porque la aceptación no es un atajo. A las mujeres con las que trabajo, les hablo de estos procesos de entrega. Les hablo de no vivir más en guerra. Les digo que se miren y se acepten porque es el único vehículo posible para sanar su relación con la comida y con el cuerpo.

 

Que acepten sus caderas y la forma de su cara, que acepten sus estrías y arrugas. Que acepten el paso del tiempo. Sus enfermedades y defectos de carácter.

 

Desde la aceptación, todos los ajustes se hacen naturalmente. Desde ahí, pasas a la acción y tomas decisiones. Desde ese lugar sereno y amplio que contempla las mil posibilidades de tu vida, puedes elegir sabiamente. Y si, puedes cambiar, pero no porque consideres de debes mutar en otra cosa para tener un lugar en este mundo, sino porque tu tarea más preciada es darte más de eso que te hace sentir bien.


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