Cuando quieres algo, y mucho, no es eso lo que buscas.

Sospecho que no somos del todo conscientes de nuestra capacidad para procurarnos nuestros más profundos anhelos. Eso que queremos es una emoción. Así no mas. Básico. Humano. Profundo. Es una emoción lo que perseguimos. Sentirnos bien, es nuestra mayor ambición. Sentirnos conectados, fluyendo, abundantes y en propósito.

Eso quieren los humanos.

Vamos por ahí, generando todo tipo de metas y propósitos. Y eso esta bien, no tengo nada en contra de las metas. Sin embargo, esta cultura tan obsesionada con el bottom line, nos confunde. Creemos que lo anhelado es solo posible cuando algo, allá fuera, cobre vida. Si firmamos el contrato. Si publicamos el libro. Si compramos el carro. Si tenemos el cuerpo perfecto.

Pero, en el fondo, lo que estas cosas me procuran, es una emoción. Es la promesa de cómo me voy a sentir cuando las obtenga. Piénsalo, ¿que pasaría con tu incesante búsqueda de la dieta perfecta, sino creyeras que te sentirás plena al encontrarla?

No nos damos cuenta de que las emociones vienen de adentro, no de afuera. Podemos procurárnoslas, a cada instante, invocándolas, invitándolas. Las llamadas emociones positivas, como el amor, la alegría, la ternura, la tranquilidad, te las procuras. Eso quiere decir que son tu responsabilidad.

Las emociones incómodas, esas son nuestro default.  

Por ejemplo, si lo que queremos es sentirnos abundantes, fíjate cómo la abundancia habita la vida a cada instante; es una cuestión de saber mirar. Y agradecer. Mientras consigues tus metas, enfócate en procurarte abundancia desde lo pequeño. Mira tu vida, atento a cada detalle. Mira tu comida, tu cuerpo, tu casa; genera tu propia abundancia.

Ocurre lo mismo con sentirse conectado. A veces, solo queremos pertenecer. Y para lograrlo, movemos montañas. Sacamos adelante negocios y proyectos e iniciativas de todos los estilos. En el fondo, queremos satisfacer un deseo básico y fundamental. Si conexión es lo que anhelas, búscala y vívela ahora. Mira a la gente a los ojos, pregúntales por su vida. De hecho, estudios recientes llaman a este tipo de conducta Integración Social y, al parecer, tiene más injerencia en la longevidad que la dieta o el ejercicio.

Genera más de eso que buscas, antes de obtener tus metas y verás como la vida te sorprende con más de lo que podrías imaginar.

Así que pregúntate, ¿cómo me quiero sentir?


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