Historias de coraje

Hace poco, leí una historia maravillosa. La cuenta Tara Brach en su libro Radical Aceptance. Es la historia de Jacob. Un hombre diagnosticado con Alzheimer. También, un estudiante de las enseñanzas budistas.

En uno de sus retiros, Tara invita al hombre y le pregunta por su estado de ánimo. Jacob explica su situación, con algo tristeza y miedo, pero con profunda aceptación y buen humor.  Mientras habla, Tara siente curiosidad por la apertura y aceptación de su diagnóstico y le pregunta cuál es la fuente de su resiliencia. Para responderle, Jacob le cuenta un suceso ocurrido recientemente, durante una charla que dictó sobre enseñanzas budistas a cientos de estudiantes.
 
Al llegar al evento, Jacob se sienta enfrente de sus estudiantes, que lo miran expectantes. De repente, su mente queda en blanco. No sabe por qué está ahí, no sabe qué decir. Siente su cuerpo agitarse. Cierra los ojos, baja su cabeza ligeramente, y dice en voz alta: “Miedo, vergüenza, confusión, sensación de fracasar, temblando, sensación de morir, me hundo, me pierdo”. Por unos minutos, continúa nombrando su experiencia, hasta que su cuerpo y mente se calman. Sus estudiantes, en lágrimas, agradecen su presencia y dicen: nunca nadie nos había enseñado así.
 
Jacob no hace de su condición algo que está mal. Esta parte de la vida.
 
Cuando reflexiono sobre el coraje, imagino personas como Jacob. Como todos, enfrentándonos a esta vida impermanente y de constante cambio. Sin garantías ni seguros. Hay mucha belleza en nuestra lucha, sin duda.
 
Se necesita coraje para no hacer de las cosas que nos dan miedo, algo que está mal. Aceptarlo como parte de vivir, del mundo natural, del constate fluir de los cielos y de las aguas.
 
La clave es: practica con lo pequeño, con eso, cuando llegue lo grande, ya estarás entrenada.
 
Así que, cuando estés en tráfico, cuando llegue la gripa, cuando pierdas el avión, acuérdate: nada está mal. Siempre tienes la posibilidad de relacionarte directamente con tu mundo interno, vivir las sensaciones molestas, darles un espacio de atención y soltarlas. 


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