Sobre el fraude del BMI y una cultura con fobia a la grasa

Cuando vemos un mensaje, una y otra vez, lo creemos cierto. Entra en la mente inconsciente, se instala ahí e influencia nuestra conducta y percepción de las cosas.

Ocurre con todo tipo de mensajes. Por ejemplo, nuestra percepción de seguridad. Al parecer, gozamos de la época más pacífica de la humanidad; pero los medios nos aseguran lo contrario. Por eso, vivimos angustiados y mirando por encima del hombro. Claro, andar con cautela es importante, pero propongo que reconsideremos la paranoia.

Este fenómeno es cierto para todos los mensajes que recibimos de afuera. Todos. Por eso, para todos aquellos con anhelos de libertad, les sugiero comenzar con una práctica seria y diligente de indagación. Hacer preguntas es una necesidad.

Quisiera que indagáramos el tema de la obesidad. Hay tantas conversaciones colectivas sobre el peso, que éste inevitablemente se desliza hacia el inconsciente sin mayor reparo.

Quisiera indagar.

Nos dicen que la obesidad es pésima para la salud. Que la vida se acorta y se disminuye. Que nadie que sea gordo es feliz.

Ahora bien, miremos eso de cerca.

Conozco mujeres que tienen sobrepeso y están saludables. Conozco mujeres obesas que viven bien. Ellas caen en el rango superior del rango del BMI (índice de masa corporal) pero son dueñas de su vida. Por cierto, los rangos del BMI fueron criterios creados por las aseguradoras en 1832 para poder clasificar y cobrar premiums a personas con algo de sobrepeso. No dicen nada. Los utilizan los médicos para medir gente y su salud, pero no miden indicadores de salud real. Claro, no soy médica, pero leo. Y bastante. Hay bastante literatura que critica esta manera de medir salud (ver acá), aunque están tan normalizados que es un conocimiento que aún no se infiltra en la cultura.

Hay más para decir. Es robusta la ciencia que soporta otro tipo de paradigmas con respecto a la obesidad y el sobrepeso. Estos paradigmas dicen que hay muchos tipos de grasa, unas benignas y otras no. También dicen hay diversidad de cuerpos y cada uno viene con un termostato de cuánta grasa debe acumular para permanecer saludable. Dicen que la gente más longeva tiene algo de sobrepeso. También evidencian que un riesgo alto en temas de sobrepeso y obesidad se presenta cuando las personas comienzan, de manera crónica, a ganar y perder peso con múltiples dietas. Dicen que la gente con sobre peso si tiende a tener incidencias de ciertas enfermedades, pero no son causadas por la grasa en sí.

Me pregunto qué pasaría si las conversaciones alrededor del sobre peso se manejaran diferente. Desprovistas de vergüenza y de culpa. Al menos, lograríamos que la gente con sobrepeso no se sienta discriminada por sus doctores y sus colegas.

Me pregunto qué pasaría si el foco estuviera en mirar el estilo de vida y no el BMI. En fortalecer músculos y disfrutar el deporte. En reconectar con el cuerpo, en saber moverlo y saber dejarlo quieto.

También me pregunto qué pasaría si todos, como sociedad, nos diéramos cuenta de qué tan disfuncionales somos en relación al peso y a la comida. Sobre todo, con las mujeres. Somos una sociedad con fobia a la grasa y ni nos damos cuenta.

Decimos que es por salud, pero no es cierto.

Es porque la grasa nos da miedo.

Para mí es evidente. Todos te dicen qué comer. Todos se fijan en qué comiste. Se dan cuenta cuando perdiste peso y cuando ganaste. Es normal gastar todo este tiempo y energía hablando de la comida ajena y propia. Lo veo en mi practica de coaching, lo leo en revistas, lo oigo en conversaciones casuales.

Y lo considero extraño y disfuncional.

Indaguemos. Porque si al hacerlo, logramos que una niña no crezca con pánico a engordar, habremos logrado algo. Por cierto, una pequeña que desde temprano es expuesta a los peligros de la grasa, tiene 3 veces más posibilidades de desarrollar un desorden alimenticio. Ver acá. 

Así que indaga, es mejor hacerlo, con eso sabes en qué crees y por qué vale la pena luchar.


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