Mitos que suenan a verdad (artículo en revista Fucsia de junio)

Nos inunda un mar de promesas. Nos levantamos en la mañana y rápidamente aparece alguien, prometiéndonos algo. Son tantas las invitaciones a mejorar nuestra vida, que es fácil abrumarse. Este fenómeno esta altamente exacerbado en el área de la nutrición y del bienestar.

 

Me sorprendo con la cantidad de dietas, productos, regímenes, suplementos e ideologías que surgen hoy en día en el ámbito de la alimentación y el autocuidado. El problema no es que existan, es que nos vamos tras ellas, acumulando información y estrategias de mejoramiento personal, perdiendo contacto con el poder interior que transforma nuestras vidas de adentro hacia afuera. Hoy, más que nunca, parecemos una especie dislocada y en total desarmonía con el cuidado básico que necesitamos para prosperar en nuestra vida.

 

En lugar de fundirnos con los ritmos y los ciclos naturales, buscamos métodos. Vamos por ahí, en la perpetua búsqueda de un cuerpo especial, pero no enfrentamos la realidad de nuestras relaciones personales. Queremos tonificar los músculos o encontrar la dieta perfecta, pero no trabajamos íntimamente con nuestra mente para comprenderla. Nos dividimos en compartimentos y se nos olvida que no existe nada que no haga parte de otra cosa.

 

Hace un tiempo, una clienta me dijo que sintió horror cuando le ofrecieron un método para bajar peso en el cual se cose la boca por un tiempo y consumes alimentos por un pitillo. Mi clienta, se enfrento a la locura de los métodos y no quiso participar más. Este ejemplo puede sonar extremo, pero me pregunto, ¿en qué punto, después de la treintava dieta en décadas, de salir y entrar de todo tipo de regímenes de alimentación sin ningún resultado, se podría considerar extremo un proceder tan extraño?

 

Esto me acuerda a otra clienta, ella me dijo que aun espera encontrar la dieta que la adelgace. Lleva varias décadas intentándolo, pero aun cree que todo el asunto se reduce a dar con la dieta que si funciona. Un cuerpo especial es la llave a una mejor vida, eso cree. Por eso, intentará método tras método, con un gran sentido de urgencia. Es poco lo que se puede hacer en ese caso. Ella es presa del pensamiento mágico, esta cautiva y no se moverá ni un centímetro de la posibilidad y de la magia de que un día, ese cuerpo especial, le abra las puertas de su vida.

 

El pensamiento mágico

 

El término pensamiento mágico hace referencia a un tipo de razonamiento que cree en la garantía de un resultado, sin mayor evidencia que soporte la relación de causalidad. Aplicado al bienestar, se vería así: ves ese aviso que te promete adelgazar y mejorar tu vida en todas las áreas e inmediatamente se activa un sentido de urgencia, debes tener ese producto. Les has conferido poderes especiales. Es lo que ocurrió cuando pagaste por el costoso programa de suplementos o cuando entraste a la nueva dieta y en tu vida no pasó nada. Claro, aparte del hecho de que pagaste con tu dinero, con tu tiempo y energía.

 

El pensamiento mágico, es el proceso mental que cree en los súper poderes. En este contexto, es un problema porque te haces menos responsable de tu propio crecimiento. Es la magia que te exime de trabajar. Con tu atención fuera, se te olvida tomar decisiones intuitivas. No puedes acceder a la voz interna que te guía, esa que conoce cada detalle de tu vida y sabe cómo orientarte. Si la apagas, te quedas sin compás y ya no eres protagonista de tu historia; simplemente, estas esperando a que algo externo te perfeccione. Es una estrategia que falla, todas las veces.

 

En el fondo, si miras bien, si destapas la urgencia, verás una creencia. Ahí esta el corazón del asunto. Crees que algo esta mal contigo y debes solucionarlo. A esa realidad latente le apunta mucho de la industria del bienestar y de la nutrición. Lo curioso es que entre más ofertas para salvarte aceptes, más fragilidad experimentas. Vale aclarar que pedir ayuda puede ser fundamental; si lo consideras necesario, busca a alguien que te acompañe sin eximirte del diligente trabajo interior que debes asumir. En todo caso, revisa tus creencias, míralas bien y estarás en el camino correcto.

 

Sentirse bien es primordial

 

El pensamiento mágico es un proceder humano. Como todo lo nuestro, surge del deseo de estar bien. Es un impulso innato y un deseo legitimo por experimentar la vida plenamente. Cada humano de la tierra alberga en su corazón esa misma pasión.

 

El problema: estamos intentando resolver el problema desde la misma lógica que lo creo. Queremos la plenitud, pero estamos operando desde los impulsos bajos y la mente estrecha. Por eso, caemos en todo tipo de farsas.

 

Sin entrenamiento mental, somos reactivos y poco reflexivos. Le dejamos nuestra vida a los impulsos de supervivencia de nuestro cerebro que, si opera desde el pensamiento mágico, modificará nuestra percepción para que confiemos más de la cuenta. Seguiremos apostándole al camino fácil, nos dejaremos encantar por imágenes y perseguiremos la ilusión de control y de predictibilidad. Por cierto, existen todo tipo de filtros mentales que modifican la percepción de la realidad. Es útil instruirse. De lo contrario, te creas una realidad que no corresponde y puedes confundirte.

 

A veces, me pasa.

 

Veo algo y creo que lo necesito con urgencia. Con los años, he desarrollado la capacidad para distanciarme de mis impulsos. Veo la urgencia, me sugiere que algo esta mal conmigo y debo responder rápidamente. Si investigo más afondo, si realmente me detengo a observar, veo el impulso y éste pierde su carga.

 

No siempre lo logro, claro. Es un entrenamiento que no termina. Veo mi mente con sus historias y sé que hay mucho de ese material que es poco confiable. Me centro en el corazón y me pregunto qué es verdad para mí. En una era de información sin medida, esta es una herramienta de navegación fundamental.

 

Te propongo que afines tu ojo. Que seas critica de lo que vez y escuchas. Pregúntate si ya has participado de cosas similares y revisa qué tanto funcionaron. Reflexiona sobre el verdadero crecimiento y con honestidad conversa contigo. Eso que quieres es tuyo, reclámalo. No te distraigas. Asume la responsabilidad de tu vida y entrena tu coraje. Conócete y acéptate. No es un trabajo fácil, pero vale la pena. Estoy de acuerdo con Joan Didion cuando dice que el carácter, la voluntad de aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es la fuente de la cual el auto respeto brota. Es de ahí que surgen las posibilidades, y no son pocas. Un ser humano que toma responsabilidad, tiene el cielo en sus manos.

 

 

 

 


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