Dormir bien no es dormir perfecto, igual que comer

Hace unos meses, leí un libro sobre cómo dormir mejor. Me llamó la atención porque su autor habla de la importancia biológica de los sueños y dice cosas interesantes cómo que dormir bien no es dormir perfecto. Según dice, despertarse por la noche, no poder dormirse, todo eso que preferiríamos evadir, hace parte de un dormir natural y normal. Hablar del sueño esta de moda; lo que oímos es que deberíamos dormir mínimo 8 horas, de manera ininterrumpida, profunda y plácidamente, y despertar frescos y radiantes como infantes listos para la vida.

Eso, a mi, casi no me pasa. Me pasa que mi sueño es suficiente.

Y si, quiero aprender a mejorarlo, pero sospecho que hacerlo no tiene nada que ver con perseguir un ideal sobre cómo debería dormir.
El autor da un consejo clave: uno duerme como vive.Por eso, lo que hay que mirar es la calidad del día, cómo me despierto, cómo me baño, cómo me alimento, cómo pienso y qué siento. Eso es lo que permite que, cuando llegue la hora, mi cuerpo y mi mente sepan descender. Mis días son más determinantes que algún suplemento mágico para dormir mejor.

Todo este tema del sueño me acuerda de la comida. Comer bien no es comer perfecto. Cómo comemos tiene más que ver con cómo vivimos que cualquier otra cosa. Ojalá todo fuera más sencillo, ojalá fuera un asunto de comprarse el colchón correcto o encontrar el batido que lo arregla todo.

Pero no, la vida es compleja y, querámoslo o no, no permite que nos colemos en la fila para llegar más rápido. 

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